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Cuando los cimientos no reconocen su propio tejado

Hay quién dice que “ya no hay ideologías”, no estoy de acuerdo, de hecho creo que queremos volver desesperadamente a reconocernos en alguna y ese es el gran problema. Preguntan en las calles a gente anónima de política y responden, tras opinar políticamente, que prefieren no opinar, y se definen como apolíticos; esto no sólo es un contrasentido, es, sobretodo, imposible. Somos un animal político, un descarado animal político, es un rasgo de nuestra humanidad, nos define absolutamente; cada acción (u omisión) del ciudadano es una acción política aunque parece que nos han ido convenciendo de que no opinar es una opción. Seamos francos, sabemos que nos han  mentido.

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Que la historia se repite es algo que también sabemos, a estas alturas ya podemos decir que no sabemos evitarlo. Percibimos las tensiones que nos recuerdan a otras, aplicamos fórmulas exitosas que son válidas para otras culturas en un intento de homogeneizar algo que tiene su belleza en lo heterogéneo, fomentamos el debate de la desafección de manera destructiva a pesar que el resultado iza banderas populistas que gustan de alimentar y alimentarse de odio. Sabemos dónde vamos también cuando el caos es una opción y nos da igual perder.

La Democracia está en los detalles. Los mismos griegos que al crearla nos hicieron notar que tiende a la oligarquía hoy venden sus últimos pilares mirando de reojo a un corporativismo impuesto y asumido, hoy son el experimento cruel, lleno de intereses leoninos, del mismo país al que condonaron una igualmente opresiva deuda de guerra, años atrás. La respuesta social ha sido la entrada en el Parlamento de los grupos de ultraderecha que, justamente por lo contrario, desde el otro lado del tablero, han irrumpido también en el Gobierno Nacionalcatolicista de Hungría, en la (des)conciencia colectiva de los suizos, austríacos, franceses, etc, en la impunidad de las acciones en casi toda Europa, a veces, como en España, recibiendo sólo avisos de sanción por parte de la UE al Gobierno estatal tras comprobar una pasividad con acciones cada vez más amenazadoras y violentas. Fueron los griegos clásicos los que establecieron métodos de control para mantener demócrata la democracia, nos hemos creído más sabios y así nos encontramos a punto de perder todo lo conseguido desde 1789 como ciudadanos, a un paso de admitir como opción que desaparezca la separación de poderes, a un suspiro de olvidarnos del Contrato Social. Qué falta haría leer a Rosseau y qué poco preparados estamos biológicamente para perder derechos en tiempos de paz.

 

El problema no es sólo europeo, el día que las corporaciones impersonales del gran capitalismo salvaje descubrieron las posibilidades de la globalización, llegó el corporativismo supranacional como esa oligarquía amenazante de la que hablaban los maestros helenos. A través del clientelismo de ida y vuelta hicieron cómplices a la política y al resto de poderes, incluso al cuarto y al quinto poder, resultó tan fácil que es un insulto a nuestra inteligencia colectiva, finalmente nuestra participación en el juego es voluntaria, siempre jugamos con los trileros si el gancho es conseguir dinero fácil.

Si la cultura del pelotazo y el clientelismo político se han convertido en un atractivo universal (si acaso no lo han sido desde siempre), también hemos convertido en universal el apoyar los conatos de despertar social de la Ciudadanía siempre y cuando lo enfoquemos como un problema diametralmente diferente si sucede fuera o dentro de nuestras fronteras. Lo que son recortes de Derechos de manera objetiva son aberraciones externas o pasos necesarios para la recuperación (económica, nunca hablamos de recuperación social) a nivel interno; lo que son revueltas antisistema o cuasi-terroristas en el territorio propio se transforman en gritos de libertad y democracia si suceden a pocos kilómetros de nuestras fronteras, sólo con nombrar de otra manera (intencionada) las mismas acciones lo convertimos en otra cosa y permitimos que la  respuesta social no sea común. “Primavera Árabe” o “take the square” tienen el mismo origen, son la misma respuesta ante una misma crisis, económica y sobretodo de valores, hay diferencias entre ellas al igual que las hay en las circunstancias de los individuos que llenan las plazas, si, pero verlo como dos respuestas diferentes quita toda la posibilidad de conseguir el cambio buscado, de conseguir una respuesta tan globalizada como el problema contra el que se protesta; una Ciudadanía concienciada a nivel global es un contrapoder efectivo, una protesta puntual en un territorio es mucho más controlable.

La desafección política parece ser una estrategia más. A menor interés muestre la Ciudadanía en resolver sus problemas, cuanto más crea que las cosas pasan porque son inevitables, cuanta más apatía más sencillo es el control de la situación. Finalmente las respuestas a satisfacer son populistas y los resultados electoralistas, nada que sea difícil de manejar.

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Si esto es grave en sí, es más grave en el Socialismo. Que los partidos socialistas parezcan y sean cómplices de todo lo comentado con anterioridad, roza la obscenidad política. Personajes de dudosa moral como Dominique Strauss Kahn, no corresponden a ningún valor del socialismo; su amor por el lujo sólo es comparable a sus políticas afines al neoliberalismo. Siendo más genéricos, si los partidos socialistas clásicos sólo nos hablan en tanto a valores económicos no son reconocibles como tales, un partido socialista tiene  que intentar ir un paso más allá de Keynes, hablarnos de lo económico desde lo social, actuar teniendo como prioridad las políticas sociales, sostenibles, pero sociales. Con el nacimiento de los movimientos populares que “toman” las plazas se ha roto el último hilo de unión entre los partidos socialistas clásicos y sus bases, tanto electorales como políticas. La obviedad no es ningún secreto. El “no nos representan” lo gritan casi con más fuerza los militantes y los simpatizantes (y muchos representantes).

Lo que sucede con la sociedad en general sucede dentro del ámbito socialista: los cimientos no reconocen su propio tejado. Esto es terrible. Causa desorientación y eso es peligroso para  unos y provechoso para otros (no hay que ser un gran analista para saber quién es quién). La Ciudadanía no se reconoce en medidas que recortan derechos fundamentales “porque no hay más remedio”, los socialistas no se reconocen en las medidas xenófobas y continuístas de Valls en tanto a los inmigrantes en Francia. Tras el período de desconcierto lógico, que ha durado años porque no hemos sabido reaccionar, los ciudadanos hemos salido a la calle quizá menos o con menos imperatividad de la que deberíamos, lo hemos hecho para recordar que el Pueblo es soberano, lo haríamos mejor si repasáramos los textos que han fundamentado los valores universales de la Ciudadanía contemporánea.

Las bases socialistas también están despertando, lo hacen acompañadas de algunos dirigentes que siempre parecerán pocos y serán sospechosos de estar demasiado apegados al status quo, pero que son necesarios. Allá donde se ha tardado demasiado en despertar los partidos socialistas han desaparecido, se han refundado o ya ni son ni volverán a ser fácilmente opción de Gobierno. Esto, que hasta hace poco era impensable, hoy día es una opción viral. Hay muchas voces hoy que proclaman estar en oposición directa a políticas aplicadas por sus partidos pero que tienen tanto vocación política como pocas ganas de dejar que otros se apoderen de siglas que reconocen como propias y aún válidas, esta dinámica está cobrando especial fuerza en los partidos socialistas europeos.CA.0326.INCEPTION. El socialismo moderno, que tanto se enorgullecía de reconocerse desde sus cimientos, contempla hoy como dichos cimientos a veces observan a sus “tejados” como si fueran de otro edificio, no es ya que simplemente no se reconozcan en ellos. Se alza la voz, se buscan respuestas, y esto parece aún más grave cuando sabemos de casos de representantes o ex-representantes igual de desorientados, haciendo que parezca en ocasiones que las tejas crean ser el tejado mientras hacen ver que son ellas las que sostienen el edificio. Algo falla y todos somos conscientes, muchos quieren llegar a una solución lógica que contempla que las obras no deben ser sólo de mantenimiento para que un edificio siga teniendo sentido, que hacer reformas en las estructuras sale mucho más barato que cambiar de solar y empezar de nuevo porque no desperdiciamos la historia recorrida, que si el edificio necesita nueva logística no valen apaños, hay que aportarla, que la aluminosis puede hacer que se derrumbe el edificio con todos dentro y cualquier día perdido es arriesgarnos sin razón, hay que saber ver que si el principal valor del edificio es que es, desde los cimientos a los tejados, algo de todos, estar en contra que cada uno no tenga su propia llave es querer convertirlo (sin legitimidad) en otra cosa. Hay fallos, habrá errores, pero nadie es prescindible en igualdad de condiciones, así se solucionan los problemas, reconociendo y actuando de manera justa y solidaria. Si crees, como teja, que las herramientas te condicionan, busca por todo el edificio nuevas herramientas o ayuda para crear herramientas propias para todo el edificio, esas son las únicas herramientas que pueden evitar el derrumbe, derrumbe que cuando el tejado está tan aislado que se puede ver desde los cimientos puede ser irreversible (al menos para el tejado).

 

Al final, problemas y soluciones, tejas y cimientos, datos y metáforas, son igual de universales que los valores y derechos (también de los deberes) que no renunciamos a preservar. Son válidos para hablar de socialismo, adquieren mucho más valor si de lo que hablamos es de Ciudadanía.

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Ladrones de Infancia

Puedes leer todas las informaciones que quieras y lo normal será que llegues a un cierto grado de indignación, a sentir incluso rabia, a empatizar todo lo que la distancia te permita…lo que nunca llegas a sentir es culpa y, a veces, es necesario llegar a sentirse culpable para comenzar a actuar, porque somos culpables si somos responsables, ya que un buen síntoma de madurez democrática es la conciencia de nuestros actos ya sean estos por acción o, como de costumbre, sobretodo si el problema es de otro, por omisión.

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Solemos buscar la culpa en otro, jamás en uno mismo. Somos naciones pero también individuos y de nuestra acción individual nacen las tendencias colectivas. No basta con decir en voz alta (para que te escuchen decirlo) que es horrible que haya un millón de niños refugiados a causa  del conflicto en Siria, que te indigna el trabajo o la prostitución infantil en Asia, que te preocupa la deriva autoritaria y el futuro de Egipto, que las condiciones del interés impuesto a Grecia va a ahogar al país heleno, que cómo pueden sobrevivir las niñas de Ciudad Juárez en un ambiente de tanta violencia feminicida, que el conflicto Israel-Palestina parece no tener solución, etc. Pobres niños, pobres niñas, pobres mujeres y hombres, pobres mayores y pobre ciudadanía….”Naciones Unidas podría hacer mucho más”, “la Unión Europea no se moja en los conflictos tanto como podría”, “la Liga Árabe sólo sirve para que se reúnan las élites de los países árabes” y tantas otras sentencias que derivan la culpa a las organizaciones que están por encima de nosotros.

Madura una tendencia y trabájala, protesta sabiendo argumentar, conoce qué es posible y qué es justo (no siempre coincide) y lucha para que lo justo siempre sea posible, no te conformes con la crítica si no haces una crítica hacia tu persona, asume tu culpa porque, en realidad, siempre puedes hacer más y no lo haces y asumiendo tu culpa puedes hacer siempre más, porque si de verdad empatizas, condenas, te indignas o denuncias, sólo con la culpa asumida puedes dar el siguiente paso: crear conciencia.

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La culpa asumida por el individuo hace que sus acciones tengan una mayor concienciación, qué más da si hay mayores y mucho peores culpables que tú, empieza por ti. Las acciones de un individuo que ha asumido la culpa tienen más fuerza e impactan con mayor legitimidad sobre el colectivo, crean conciencia. El colectivo concienciado es el que impide tomar muchas decisiones incorrectas a las naciones, la legitimidad de las decisiones siempre es una legitimidad ciudadana, la Ciudadanía propia es el actor político más temido por las élites.
Siempre lo repito, “los moderados somos más”, independientemente de la Cultura, Estado o Religión, a la que nos acojamos. Nuestro problema es que como moderados que somos no gritamos igual de alto y actuamos muchas veces por omisión como el peor de los extremistas.

El Levantamiento, Honoré Daumier

El Levantamiento, Honoré Daumier

¿Crees que exagero o no soy justo? Si permito, por ejemplo, que mi voz no se oiga ante la masacre de ciudadanos en Siria, estoy ayudando a que los actores supranacionales no perciban que para su Ciudadanía la muerte de otros ciudadanos es un problema serio, lo entenderán como un conflicto externo sobre el que pueden actuar o no dependiendo de los equilibrios de poder y de los intereses en la zona, resumiendo (si lo estimas, de manera incluso demagógica), el factor de decisión no sería jamás el humanismo, sería, como casi siempre, la peor cara de la economía; parafraseando al asesor de Clinton en la campaña del ´92, James Carville, “¡es la Economía, Estúpido!”, pues bien, si esta es la tendencia lógica y única, empieza por ti mismo a concienciar para que, al menos, no sea la única.

Si eres de los que creen que se debería hacer más de lo que se hace, comienza tú a andar; sea cuál sea tu dirección estarás creando un camino por el que otros caminarán, no temas ser un “pionero”, teme ser un elemento conformista, porque esa ha sido siempre la derrota. Luchamos durante siglos por la dignidad de la vivienda o el trabajo, por ser respetados como colectivo, por tener qué llevarnos a la boca, fuimos conscientes de nuestras afinidades y creamos naciones que deberían haber tendido a la solidaridad, ahora que hemos llegado a la aldea global nuestra voluntad es corporativa y nuestra actitud terriblemente conformista. El millonario Buffet dijo que no era verdad que ya no existiera la lucha de clases, de hecho sentenció que “por supuesto que existe la lucha de clases, y mi clase la ha ganado”, no hubo respuesta, casi ni eco, por parte de los “perdedores”. 396-hands-on-bars1Hemos admitido el conformismo social y el corporativismo de nuestras sociedades como dos de las principales líneas rojas que no podemos traspasar si queremos seguir perteneciendo al grupo de la ciudadanía moderada, a mí me resulta admitir características que están más cerca del extremo como asumir ese extremo en sí, me explico, no oponerse al extremo te convierte en afín (mismo si es por omisión) y, en última instancia, en cómplice. Está en tu mano decidir si alzar la voz y actuar o no, pero no creas que no hacerlo te convierte en un ser neutro o en un moderado, te convierte en una pieza indispensable del engranaje de la deriva de la acción que se está llevando a cabo, no estar alerta ante esta acción suele permitir que ésta se vicie de una manera u otra. No te duermas.

No te duermas, no te quedes solamente con la parte idealista de mi mensaje, quédate mejor con el mensaje, con toda su carga y puede que estés más cerca de poder actuar de manera efectiva, quizá con tan sólo un parpadeo a tiempo, y alejarte de aquellos que quieren que te conformes y que se esfuerzan en robar la infancia de, al menos, un millón de niños en Siria y de tantos otros seres humanos alrededor del mundo.

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Farid Othman-Bentria Ramos

Un sentido del Holocausto más amplio

Holocausto

Hace 8 años, el 1 de Noviembre de 2005, la Asamblea General de Naciones Unidas designó al 27 de Enero como fecha para el Día Internacional de Conmemoración anual en memoria de las víctimas del Holocausto Nazi. La elección de esta fecha no fue casual, el 27 de Enero de 1945 las tropas soviéticas liberaron el mayor campo de exterminio de todo el territorio nazi: Auschwitz-Birkenau (Polonia).

Tuvieron que pasar 60 años para elegir una fecha para la conmemoración de esta barbarie, sin embargo, ni siquiera entonces fuimos justos. Creamos las Naciones Unidas para evitar los horrores de la guerra y 60 años más tarde parece que no tenemos mucho más que simples declaraciones de intenciones más o menos acertadas.

En mi opinión, hablar de un holocausto judío es hablar de una parte del problema y no podemos permitirnos olvidar ni una sola de las partes que componen lo peor de nuestra historia.
No soy un negacionista. Si los datos finales que reflejan el genocidio judío deben ser menores o no me parece una discusión secundaria, que el ser humano llegara a plantearse la “solución final” me parece justificación suficiente para hablar de Holocausto, por desgracia hubo demasiadas acciones que acompañaron a la teoría. A pesar de todo, me parece instintivamente peligroso reducir al pueblo judío la palabra Holocausto referida a los sucesos criminales dirigidos a un grupo de población concreto durante la Segunda Guerra Mundial.

El horror fue compartido por más grupos de población, cada muerto “seleccionado” durante esta celebración de la miseria humana que es la guerra es en sí un Holocausto, si olvidamos de lo que somos capaces el odio y la intolerancia siempre estarán presentes en nuestra historia. Aquel asesinato sistemático se prolongó tras la guerra y fue así tanto para el pueblo judío como para el resto de ciudadanos perseguidos.
Me parece mucho más acertado el referirnos a la Segunda Guerra Mundial como Holocausto que reducirlo a un sólo colectivo, de hecho, prolongaría el espacio de tiempo hasta la muerte de Stalin.

La misma URSS que liberó Auschwitz-Birkenau asoló Polonia y a los polacos hasta el punto de que esta población afirmó preferir la crueldad nazi a la soviética, siendo ambas intolerables. Los mismos colectivos étnicos y de orientación sexual perseguidos por los nazis siguieron siendo perseguidos, encerrados en campos de concentración y asesinados, por los soviéticos. Otro de los vencedores, Estados Unidos, castigó a sus ciudadanos de origen nipón de manera cruel, incluyendo también torturas, asesinatos selectivos y campos de concentración y reeducación. Lo peor de nosotros demostró estar presente por encima de las ideologías.

Otros colectivos que completan un sentido más amplio del Holocausto

Homosexuales

En la Francia del Mariscal Petain los homosexuales recibieron con cierto alivio a las tropas nazis, los soviéticos habían difundido la idea de cierta empatía entre la ideología nazi y la homosexualidad. Nada más alejado de la realidad, para la ideología nazi estos individuos eran unos desviados que no perpetuaban la raza aria, este comportamiento se atribuía a una degeneración que se transmitía de un individuo a otro. Con Himmler liderando una corriente tremendamente intolerante con la homosexualidad, más de 100.000 hombres fueron juzgados y condenados sólo en Alemania entre 1933 y 1945.
El colectivo LGTB fue el último en ser reconocido como víctima preferencial del nazismo. Tuvo que esperar hasta 1985 y no fue hasta 2002 que Alemania anuló las sentencias contra este colectivo, si bien sólo se anularon las anteriores a 1945.


Triángulo Rosa

Gitanos

500.000 romanís aniquilados por los nazis parecen no ser suficientes para nombrarlos cada vez que hablemos de Holocausto. El genocidio perduró tras la guerra en los países sometidos al régimen de terror de Stalin pero también en Alemania, donde el mismo Tribunal de Nuremberg aceptó (por ejemplo) un fallo de la Corte Suprema de Alemania en 1956 que decía que “los gitanos que han resistido al genocidio son antisociales, tienen tendencia a la criminalidad y un afán irrefrenable por la apropiación ilegal”, argumentando así que la persecución racial ejercida por los nazis no existía como tal ya que no se diferenciaba de las medidas adoptadas con anterioridad contra la “plaga gitana”. Esto último era cierto, las medidas nazis no se diferenciaban de las tomadas con anterioridad contra este colectivo en Alemania desde la creación en 1899 con la creación por la Policía de Baviera de una sección especial para cuestiones gitanas, eran más bien una continuación natural de la escalada de acciones contra este colectivo. Durante el nazismo, las esterilizaciones forzosas, los experimentos con embarazadas y niños, los juicios sumarios, el internamiento en campos de concentración y los asesinatos masivos en las cámaras de gas, no eran por tanto un genocidio si no una manera de combatir una plaga de seres (cito) “meramente inferiores” que desde 1935 carecían de derechos civiles cuyos niños ya habían servido en 1940 para probar la eficacia de los cristales zyclon-B (250 niños muertos), los utilizados en las

cámaras de gas de Auschwitz-Birkenau. Esta falta de condena, esta justificación del horror, dio pie a acciones muy posteriores como las del dictador Ceaucescu encerrando en sus chozas y quemando a cientos de gitanos, enterrando vivos a los que conseguían sobrevivir.

Gitanos en CC

Enfermos mentales e inválidos

Considerados desde antes de la guerra como “seres inferiores”, enfermos mentales e inválidos fueron colectivos sin valor que no merecían más destino que el otorgado por la eugenesia: su exterminación.

Estas “vidas sin valor”, “existencias superfluas”, “espíritus muertos”, “envoltorios humanos vacíos”, no merecían más destino que el de una eutanasia controlada beneficiosa para la economía nacional alemana. Por ejemplo, desde 1939, se debía dejar constancia de los nacimientos de niños con “deformidades” acometiendo su asesinato inmediato con una inyección de morfina o escopolamina. También desde 1939, bajo el “código T4”, se seleccionaba a internos de hospitales y manicomios para su traslado a institutos de “eutanasia” y posterior ejecución mediante monóxido de carbono.

Bajo el concepto de “higiene racial” más de 100.000 víctimas indefensas (a las que se unieron personas incapacitadas para el trabajo y ancianos) fueron asesinadas.

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La necesidad de ampliar el concepto de Holocausto

A pesar que el concepto de Holocausto lo asociamos a “Holocausto judío”, a pesar que hay un día a nivel internacional que lo conmemora, a pesar que el negacionismo es delito en la UE desde hace unos años, los lefebrevianos existen, el antisemitismo también, las leyes crecientes que reclaman el control étnico, la avalancha de “listas de judíos” en Hungría, son realidades de hoy que recuerdan demasiado a los antecedentes inmediatos a la barbarie contemporánea más criminal que hemos conocido. Si esto es así a pesar de los esfuerzos por preservar la memoria histórica para no repetir los errores, imaginemos hasta qué punto es necesario llevar el concepto de Holocausto a toda su cruel amplitud aunque sea para saber que el peligro reside en la radicalización de las ideas.

La historia del Holocausto es historia contemporánea, sin embargo, hoy hemos perdido la memoria hasta el punto que volvemos a tener muros separando ciudades, listas étnicas criminalizadoras, partidos políticos generalistas esgrimiendo argumentos populistas,  partidos políticos y líderes fascistas ganando adeptos y posiciones en parlamentos democráticos y saliendo indemnes de acciones antidemocráticas, Ministros de economía y finanzas declarando a enfermos y ancianos como inútiles que deberían morir pronto, un creciente auge de los nacionalismos excluyentes, declaraciones profascistas desde las más altas instituciones tanto públicas como privadas y, por desgracia, muchos otros ejemplos.

Naciones Unidas ha sido un gran avance en la Historia, pero es un avance con carencias e insuficiente tal cuál está formulado hoy, incapaz de actuar conforme al principal objetivo de su creación: impedir que caigamos en los mismos errores de ayer.

Con un concepto parcial del Holocausto somos menos conscientes de los peligros que llevan implícitas algunas acciones y argumentos y estamos más cerca, por tanto, de volver al camino que nos condujo al terror. Somos un animal político que se autolimita constantemente esperando a un líder que nos conduzca hacia el lugar correcto sin ser conscientes del poder colectivo que poseemos. Estamos en un momento de la historia en el que podemos acceder a la información que nos hace libres si ponemos un mínimo de interés por nuestra parte, ante el corporativismo más feroz debe estar la ciudadanía, siendo el lobby necesario que los líderes más responsables reclaman.

Conocer la historia nos hace más  fuertes ante las injusticias. No ampliar el concepto de Holocausto a todo su horror es un tremendo error que no podemos ni debemos asumir.

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