Euromediterranías

Hacer referencia al término “Euromediterranía” en plural no es algo accidental. Deriva, a mi modo de ver, de las diferentes maneras de enfocar el concepto y de las diferentes experiencias institucionales en las que se ha enmarcado sin olvidar lo que para mí resulta más definitivo: los numerosos enlaces que unen a los pueblos en torno al Mediterráneo y su área de influencia histórica.

En los últimos años diferentes iniciativas han surgido en el entorno del concepto de “euromediterranía”. De entre ellas, las institucionales han sido en muchos casos sobrevaloradas en sus inicios, ponderadas en los discursos, ignoradas en los presupuestos y confiadas en su protectorado, como en el caso de la Unión por el Mediterráneo, a protagonistas negativos y corruptos de las revoluciones árabes como Ben Ali y Moubarak. A pesar de los esfuerzos y de las diferentes vías de afrontar la construcción de euromediterranías, lo institucional, a día de hoy parece, en el mejor de los casos, en punto muerto.

No obstante, como suele ser habitual desde el estallido de la crisis sistémica actual (incluso desde sus preámbulos), las vías más sólidas de afrontar los procesos de construcción de conciencia sobre conceptos humanistas han surgido desde la misma sociedad civil, un actor más consciente de su fuerza y global que, gracias en parte a la universalización de la comunicación, hace que la consolidación de este tipo de conceptos sea posible. En el caso de la “euromediterranía” es incluso más evidente. Frente a una radicalización de las ideas,  la euromediterranía más positiva ha irrumpido a través de instituciones académicas ya existentes al convertirse en objeto de estudio e investigación, de institutos universitarios como el EMUI (Euromediterranean University Institute), y de asociaciones, fundaciones, etc.

La construcción de un modelo de diálogo común entre los diferentes pueblos, religiones y culturas, que componen el marco mediterráneo y su área de influencia, es necesaria y tiene la mejor de las esperanzas en su consecución y éxito en el hecho de que haya una voluntad creciente entre la ciudadanía de que esto sea así. Hay demasiada historia común en todos los rincones del Mare Nostrum como para tener la insolencia de pensar tan sólo en las diferencias que nos pudieran separar, una actitud como esa es más digna del medievo que de una ciudadanía contemporánea.

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